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Algunos artículos de colaboraciones publicadas en la Revista de los Artesanos de España OFICIO+ARTE.

 

El Francotirador

Radio 3

Carlos Tellechea · carlostellechea@teleline.es · www.arteartesania.com fotografía: Gala Tellechea
Los artesanos se encuentran junto a los conductores de vehículos entre los gremios de trabajadores que laboran escuchando radio.
La radio requiere algo así como una atención parcial que te permite este desdoble, a veces necesario, para atravesar las partes anodinas de las labores...

Conozco a un artesano argentino que está entre ellos, que labura con la radio encendida, acompañando... Cuando lo vi por primera vez en su taller perdido en el medio del campo, recuerdo estar cebándole mates escuchando la Rock&Pop y noches que se quedaba a posta en el taller para retocar alguna pieza hasta bas- tante tarde, para escuchar al inefable Alejandro Dolina en su Demasiado tarde para lágrimas...

Al llegar a España, cambió algunas costumbres, adaptó otras y mantuvo unas pocas inalteradas, más allá del paso de los años...
Tomar mates y trabajar con radio pertenecían a esta última categoría.

Tuvo que adaptarse a cualquier marca de yerba que encontraba hasta que estabilizó un contacto en un her- bolario... Cruz de Malta y, cada tanto, Nobleza Gaucha fueron sus preferidas...

En el dial de Radio, dependiendo de las temporadas, desvarió entre la Clásica y las Noticias... hasta que se posó en Radio 3.
Desde hace años sigue el devenir de esta emisora esta- tal, dedicando una pausa a la labor, por las mañanas a las 10 y media, para escuchar el contestador de Siglo XXI, o permanece fiel a Los elefantes sueñan con la música desde el noventaypico.

Pero se volvió a Buenos Aires, y al final me parece que sintió profundamente que extrañaba la Taragüí (marca de una tradicional y conocida Yerba Mate argentina pro- ducida en Misiones, fácil de conseguir ahora en El Corte Inglés, curiosamente al mismo precio que antes del corralito a pesar de haber depreciado notablemente su precio en orígen)...

Nos comunicamos por internet a veces, estas cosas raras que tiene la modernidad...
Está menos en el taller pero el día que lo acompañé unas horas, otra vez cebándole (verbo/argentinismo: consiste en echar agua caliente por lo general desde una tetera metálica que acaba de salir del fuego, que se denomina pava o desde un termo al recipiente del mate) unos mates, justo Lalo Mir en un programa de Radio Mitre, que se llama Lalo Bla Bla... soltó este rollo del mate que se me quedó grabado...

Saludos.

(de Lalo Mir en el programa Lalo Bla Bla Radio Mitre)

- El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo. Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es hola y la segunda ¿unos mates?. Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es lo único que comparten los padres y

los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las vícti- mas y los verdugos; los buenos y los malos.

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sien- ten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esque- je de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegi- rán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré (frío
y con cáscaras de cítricos, costumbre del noroeste del país), con cáscara de naranja, con yuyos (la provincia de Córdoba posee una multitud de variedades endémi- cas de hierbas aromáticas que en su conjunto se deno- minan yuyos y en esa zona dan un sabor muy particular al mate), con un chorrito de limón. Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ¿Dulce o amargo?. El otro responde: Como tomes vos. Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democra- cia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie. Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en parti- cular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universi- dad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera. Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones. El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores... Es la solidaridad de bancar (soportar) esos mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate. Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sin- ceridad para decir:

¡Basta, cambiá la yerba!. Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ¿está caliente, no?. Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno. Es la obliga- ción de decir gracias, al menos una vez al día.

Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

Ahora vos sabés: un mate no es sólo un mate...
Carlos Tellechea - Ofici+Arte Nº 85

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